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un año de que epn provo el hielo

#YOSOY132: A UN AÑO DEL DÍA QUE EPN PROBÓ LA HIEL Por: Javier Rosiles Salas - mayo 11 de 2013 - 0:00 INVESTIGACIONES, Investigaciones especiales - 16 comentarios   Debilitado, sin la fuerza que adquirió semanas después del 11 de mayo de 2012, el #YoSoy132 está ahora disperso, pero no se descarta que una coyuntura social reagrupe a los estudiantes y resurja con fuerza. Fotos: Cuartoscuro. Ciudad de México, 11 de mayo (SinEmbargo).– “Verde, blanco y rojo son los colores de la Patria, no los de un traidor asesino”, era una de las frases escritas con plumón en cartulinas que sostenían estudiantes con máscaras de Carlos Salinas de Gortari, mensajes que contrastaban con los que mostraban, perfectamente impresos, jóvenes con camisas azules y copetes de hule espuma: “Contigo hasta Los Pinos” y “Estamos Contigo”. Aquel 11 de mayo de 2012, el entonces candidato presidencial priista, Enrique Peña Nieto, visitaba la Universidad Iberoamericana, campus Santa Fe. Un baño en remodelación, el de la estación de radio de la Ibero, la 90.9, lo obligó a bajar unas escaleras en busca de otro y permitió que fuera acorralado por estudiantes. El otrora inquebrantable candidato, con el rostro desencajado, no pudo más que soltar: “¿Pero por dónde vamos a salir?”. Las críticas y regaños en contra de los jóvenes “revoltosos” empezaron a ser replicadas por la generalidad de los medios. Los estudiantes se defendieron a través de Twitter y You Tube. Un video, de 11 minutos de duración y publicado el 14 de mayo, mostraba a 131 alumnos de la Ibero, credencial en mano, rechazando ser porros e infiltrados. “No están solos chavos, porque somos más de 131, yo soy el 132”, dijo ese día Denise Dresser en la radio. El movimiento nacía y adquiría nombre. El primer documento oficial del movimiento fue leído el 23 de mayo al pie de la Estela de Luz, mismo lugar en el que hoy, a partir de las 15:00 horas, se festejará su aniversario. El #YoSoy132 se asumía como “ajeno a cualquier postura partidista y constituido por ciudadanos”. Se señalaba también que buscaba esencialmente “la democratización de los medios de comunicación con el fin de garantizar información transparente, plural e imparcial para fomentar una conciencia y pensamiento críticos”. Un año después, la letra A rodeada por un círculo ha sustituido al signo de número. El movimiento #YoSoy132 luce debilitado, apenas sostenido por el trabajo que algunos jóvenes realizan organizados en células, en tanto que grupos anarquistas, que lo mismo toman la Rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que agreden a policías, salen a la calle a protestar y atraen la atención mediática. Todavía no se cumplía un año de la aparición del #YoSoy132 y ya dos de sus protagonistas habían decidido abandonarlo. Sus argumentos: prácticas autoritarias al interior y una insuficiente condena por parte del movimiento a actos violentos. Antonio Attolini, ex vocero de la asamblea local del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), trabaja hoy en Televisa. Rodrigo Serrano, estudiante de la Ibero y quien participó en la producción del video de los 131 estudiantes, es parte de Asuntos del Sur, un grupo de expertos (think tank) cuyo consejo consultivo está integrado, entre otros, por Alicia Bárcena Ibarra, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina (Cepal). SÍMBOLO EN PAUSA Rodrigo dice haber dejado el #YoSoy132 en febrero, porque su participación había disminuido debido a que no estaba de acuerdo con ciertos asuntos, como el que se toleraran ciertos actos de violencia. Pone como ejemplo lo sucedido el 1 de diciembre de 2012, cuando ocurrieron disturbios con motivo de la toma de protesta de Peña Nieto como Presidente. “Después del 1DMX hubo sin duda detenciones arbitrarias, en las cuales no me involucré en la defensa de los detenidos, pero tampoco hubo una condena por parte del #YoSoy132 a los grupos que sí actuaron violentamente. Eso es algo que me tenía muy frustrado, en primer lugar, y en segundo lugar creo personalmente que 132 es un símbolo que hay que dejar descansar. Es como si hoy se luchara, guardando las respectivas diferencias, en el nombre de Miguel Hidalgo; Hidalgo fue muy importante para un momento, pero ahora no necesariamente es válido como ideario. En ese sentido, permanezco activo, sigo haciendo activismo, en las cosas que me gustan, en ciberactivismo, y que son cosas que no necesariamente marchaban con los intereses de la gente que conocía del 132. No me fui en malos términos, en ningún caso. Son muy, muy amigos, pero creo que hay que seguir moviéndose, que hay más cosas adelante que cosas atrás en la vida”, expone. Considera que el #YoSoy132 trazó un precedente muy importante para los movimientos estudiantiles en México, “sin embargo, la misma apertura del movimiento permitió que se ataran agendas que no necesariamente correspondían con la gente que en un principio lo apoyó”, advierte. Acepta que el movimiento no logró consolidarse, aunque apunta que quizá no podía ser de otra manera, pues nunca intentó ser una estructura o un partido político. En ese sentido, “funcionó muy bien en la coyuntura”, señala. “No sé si haya faltado algo como tal. Sin duda quienes lo empezamos éramos novatos, nadie nos entrenó para nada, nunca habíamos estado en movimientos sociales previamente, no teníamos experiencia política ni mucho menos, ni en organización ni nada. El movimiento fue casi todo lo que podría haber sido”, agrega. Insiste en que el movimiento sigue siendo relevante como símbolo, más que como estructura, aunque precisa que bajo la bandera de #YoSoy132 “hay gente haciendo cosas muy valiosas”. Estudiante de comunicación en proceso de titularse, Rodrigo está ahora interesado en impulsar el debate sobre la necesidad de una nueva Constitución. Además, al tiempo que hace ciberactivismo –pues está convencido de que las “nuevas herramientas de comunicación cambian todo el panorama de la relación entre el Estado y los ciudadanos y los ciudadanos entre sí”– organiza cursos para el proyecto “Mucho con poco” de Asuntos del Sur, que tiene como misión “asumir el desafío de perfeccionar los liderazgos” en América Latina. Dice haber aprendido mucho durante su participación en el #YoSoy132, como el hecho de que “hay muchas cosas que cambiar en este país”, por lo que lo estima y le tiene respeto. “Lo valioso del 132 no son necesariamente el plan de lucha o las reivindicaciones o las marchas. Lo valioso del 132 son los amigos, los noviazgos, las empresas que salieron de ahí, los otros movimientos sociales que salieron de ahí, las fundaciones que salieron de ahí, los matrimonios que salieron de ahí. Justamente 132 es un nodo de reconstrucción del tejido social donde los estudiantes se reconocieron a sí mismos”, concluye. NI LA SOMBRA Antonio Attolini dejó de participar en actividades del movimiento desde agosto pasado. Cuenta que junto con otros compañeros estaba convencido de que el modelo organizacional de #YoSoy132 estaba siendo rebasado por la diversidad de agendas, propiciada por los múltiples temas que presentaban las distintas asambleas locales. El movimiento llegó a agrupar a estudiantes de más de 100 universidades e instituciones educativas de todo el país. Fue por eso que propuso la descentralización del movimiento, dando mayor relevancia a las asambleas estatales. Su propuesta fue rechazada sin mayor argumento –sostiene– que el de que era una propuesta suya. “Eso mostraba que los miembros no votaban de manera autónoma respecto de su asamblea ni podían expresarse libremente”, afirma. “El movimiento #YoSoy132 replicaba en su interior prácticas tan autoritarias como las que en el exterior pregonaba combatir”, dice. “En ese momento me doy cuenta de que la relevancia política del movimiento ya está perdida y que las prácticas al interior son insostenibles porque ha habido una cesión de derechos en la que por tratar de entrar en una cómoda recepción y aceptación entre los pares se pudo sacrificar mucho del sentido político”, asevera. “Esa serie de rencillas, de roces, terminaron por hacerme a mí un caldo de cultivo para el prejuicio y para el enojo que se centraba en mi persona, y contra eso ya no hay mucho que hacer. Por eso decido retirarme y dejar de asistir a las asambleas generales interuniversitarias”, agrega. A la última asamblea a la que asistió fue a la celebrada a mediados de agosto en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Era la Octava Asamblea General Interuniversitaria, en la que se registraron un total de 136 asambleas locales y 210 observadores para participar. Califica al modelo organizativo del movimiento como anquilosado, oxidado y fallido. “La materialización política de una causa como lo es la democratización de los medios falló: las asambleas, los comunicados, la alta burocracia falló, no logró reconciliar las necesidades de un país que está cada vez más en el drenaje, en la cloaca y que falla su sistema judicial para garantizar derechos humanos. Fallamos nosotros en poder ofrecer una oportunidad de hacer las cosas distinto, eso falló”, asegura. “Pero de ninguna manera debe considerarse esto como un ataque, como una traición, debe considerarse esto como un área de oportunidad porque hoy tenemos por primera vez en muchísimos años una experiencia reciente de activismo estudiantil masivo que si bien falló permite un área de oportunidad para entender cómo entonces debemos hacer las cosas bien la siguiente vez, porque esas causas que nos motivaron en un primer momento siguen existiendo. Por lo tanto, es hora de dejar de ver al #YoSoy132 desde la óptica ideológica, romántica, hermética a la crítica y empezar a darnos cuenta de los muchísimos errores que cometimos”, señala. Para Attolini el movimiento logró esperanzar a muchos en su momento, pero hoy no es ni la sombra de lo que llegó a ser: “se ha decantado para ser un grupo de activistas que se conocen entre sí y que están posicionando una serie de agendas muy valiosas alrededor de los diferentes temas de los que podrían motivar una movilización política, pero no es ni la sombre de lo que fue en un primer momento”, enfatiza. “El #YoSoy132 puede quedar para algunos como un recuerdo del activismo y de la movilización política que tuvimos, para otros sigue siendo el camino de lucha, y es muy respetable. Se debe entender de esa manera: cómo es que el #YoSoy132 se ha ido decantando y ha dejado a un grupo de activistas trabajando ciertas agendas y cómo ha dejado a otros alejados de ella o alejados de ese movimiento, pero que a su vez siguen esperanzados en un México mejor trabajando por su lado”, expone. Y es que considera que el movimiento ha dejado de ser relevante y que de lo que hay que seguir hablando es de las causas que lo motivaron, como la alta concentración del mercado de la televisión en México. En efecto, de acuerdo con el Informe de resultados (2006-2012) de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), Televisa y TV Azteca controlan 95% de las concesiones de televisión abierta. Actualmente conductor del programa dominical Sin filtro, transmitido por Foro TV del Grupo Televisa, Attolini se defiende de las críticas por haber pasado del #YoSoy132 a trabajar en Televisa. Considera que pese a la existencia de medios alternativos que tienen su plataforma en Internet, la televisión sigue siendo el medio de comunicación por excelencia. En ese sentido, “es bien necesario que exista una empresa como Televisa; desaparecer Televisa traería más problemas que beneficios”, sostiene. Cuando le hacen la oferta para integrarse a Televisa la vio como una oportunidad: “Y dije: ‘bueno, la oportunidad está ahorita. Puedo ver esto como una fisura del sistema que se había mantenido hermético durante los últimos 60 años y nunca había permitido un espacio así y me lo están ofreciendo ahorita, no en 10 años, tomemos la avanzada y tratemos de demostrar que así es como deben hacerse las cosas’”, cuenta. Argumenta que el hecho de que colabore en Televisa no significa que se haya convertido en su aliado ni que avale “las prácticas mafiosas que he dicho constantemente que ésta tiene”, y pone como ejemplo el “contubernio” entre la ex Secretaría de Seguridad Pública (SSP) federal de Genaro García Luna y la empresa para el montaje de la detención de Florence Cassez Crepin. Varias reflexiones “me hacen tomar la decisión de entrar a Televisa y mostrar y tratar de abrir un camino para entender que debemos preparar la revolución para ganar. Nosotros que estamos en movimientos sociales debemos considerar todos los espacios posibles para poder incidir en el cambio de las estructuras, en el cambio de la manera de pensar, en el cambio de la manera de decir las cosas e incidir en ellas en el pleno respeto de los derechos humanos. Ya no sirve considerar la lucha social desde la anquilosada y oxidada concepción de que hay que tomar al Estado por asalto, que hay que tomar las armas, que hay que eliminar a los malos y establecer una dictadura de los buenos”, sentencia. A sus 22 años, Attolini sigue estudiando las carreras de Ciencia Política y de Relaciones Internacionales en el ITAM, al tiempo que es parte del consejo asesor de The Girl Effect en su capítulo México. “Estoy tratando de propugnar por un modelo distinto de activismo, uno que te reconoce como ciudadano, que contribuye al margen y que no se deja apabullar por las críticas mayoritarias de un colectivo. Hay que seguir adelante, firme con las convicciones”, dice. “Hemos estado en esto antes, durante y a pesar del #YoSoy132 y así tiene que ser”, concluye. UN AÑO DE APRENDIZAJE Ignacio Martínez estudia su último semestre en la Ibero y, con su activismo, sigue dando vida al #YoSoy132, movimiento que sigue siendo relevante “porque los problemas por los que surgió siguen ahí y se agudizan al parecer con cada mes que avanza el gobierno de Peña Nieto”, asegura. Explica que el movimiento ha logrado construir una red a nivel nacional, conformada por distintas células y mesas de trabajo, como la de medios, migración y comunicación. Él es parte de la asamblea local de la Ibero #Másde131 y del proyecto Sentimientos de la Nación, en donde se encarga de la producción audiovisual de documentales. Admirador del cineasta coreano Park Chan-wook, Ignacio participó en la realización de Mi hermano el hombre, un documental de casi 22 minutos en el que, a partir de testimonios de vecinos, se da cuenta de los problemas de Ciudad Nezahualcóyotl y de las protestas de sus habitantes en contra de la militarización de sus calles. Un segundo documental, éste sobre la intención del gobierno del Estado de México de construir una carretera sobre la reserva ecológica del Parque Otomí-Mexica –proyecto al que se han opuesto varias comunidades ñañhús–, será estrenado durante el festejo de hoy. El #YoSoy132 ha convocado a reunirse en la Estela de Luz a partir de las 15:00 horas, en un acto identificado con el hashtag #NosVemosEl11M y calificado como una “acción de carácter político, festivo y pacífico”. Además del documental Pueblo grande, se presentará un avance de otro: Más de 132 historias. Habrá performance, intercambio de libros y bandas en vivo. Se ha pedido llevar una linterna y papel celofán rojo “para cambiar el color de la Estela”. ¿El movimiento #YoSoy132 logró consolidarse?, se le pregunta a Ignacio. “Ha sido un largo año de aprendizaje para todos los que lo integramos, y creo que ahora estamos mucho más preparados para continuar con lo que venga, con lo que se vaya presentando. Creo que ya entramos en otra dinámica de tiempo, ya no estamos en una dinámica de urgencias como en la que estuvimos todo el tiempo, en la que teníamos que responder, responder y responder, sino que ahora estamos en una dinámica de trabajo, y pues comprendemos que el trabajo tarda su tiempo en que empiece a rendir frutos”, afirma. ¿MOVIMIENTO CÍCLICO? Para el académico de la Ibero Agustín Basave es innegable que el #YoSoy132 luce debilitado, que no tiene la fuerza que en algún momento tuvo y que se muestra un tanto disperso, aunque no descarta que en algún momento pudiera resurgir. “Hay que tener en cuenta que hay movimientos sociales, movimientos estudiantiles en particular, que son cíclicos, es decir, que pasan un tiempo de hibernación –valga la expresión–, que parecen desaparecer y luego resurgen con base en alguna coyuntura, en algún acontecimiento, alguna bandera, demanda, en fin. Entonces también podría ser ese el caso del #YoSoy132; podría ser que algo que ocurra en México en un futuro previsible lo haga volver a salir a la luz, reagruparse”, apunta. Basave considera que la firma del Pacto por México se debe en buena medida al #YoSoy132, lo que permite tener una idea de la relevancia del movimiento. “Si no hubiera habido esta manifestación de protesta en la Universidad Iberoamericana el 11 de mayo del año pasado en contra del entonces candidato Peña Nieto probablemente él habría ganado la Presidencia de la República con el margen que las encuestas preveían, que estaba cercano a 50%, y el PRI habría ganado ambas Cámaras del Congreso de la Unión por mayoría absoluta”, advierte. “De alguna manera este movimiento estudiantil transformó lo que iba a ser una victoria absoluta en una derrota relativa, y las tres derrotas –la derrota relativa del PRI y las derrotas del PAN y del PRD– generaron tres incentivos de negociación y por eso se sentaron a la mesa los líderes de los partidos, los tres, y gestaron el pacto. Si el PRI hubiera ganado por ese margen tan amplio que se preveía y hubiera arrasado en las elecciones, no habría tenido ningún incentivo para negociar un pacto, habría podido gobernar con su agenda y con su mayoría en el Congreso; por eso digo que el Pacto por México de alguna manera le debe algo al #YoSoy132”, añade. –¿Qué opinión le merece que ahora las calles se encuentren ocupadas por grupos que se dicen anarquistas a un año de la aparición del #YoSoy132? –Estoy en contra de la violencia en todas sus manifestaciones. No acabo de entender bien a bien qué quieren estos muchachos de estos movimientos anarquistas. Conozco el anarquismo, conozco lo que dijo Bakunin y Proudhon, pero a estos grupos nuevos la verdad es que no les encuentro ni pies ni cabeza; a lo mejor simplemente no han divulgado qué es lo que quieren, pero estoy en contra de la violencia en todas sus manifestaciones. Me parece que no le hacen ningún servicio a México estas actitudes de agresión a terceros, no solamente a la policía, a las fuerzas del orden, sino también a ciudadanos, a transeúntes, a comercios, en fin. Creo que la violencia engendra violencia y no lleva a ningún lado. Lo lamento mucho, soy un socialdemócrata, creo en el cambio profundo en torno a la desigualdad, es decir, en el combate a la desigualdad social, el combate a la pobreza y desde luego el combate a la corrupción, pero por las vías institucionales y legales, y así lo entendió el movimiento #YoSoy132 y su origen, que es el movimiento #Másde131 de la Ibero. Ellos apelaron al cambio profundo pero por la vía pacífica; espero que si el movimiento resurge lo haga con este espíritu original.

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